
La ola antitabaquista está pasando por una época virulenta que viene de unos fanáticos que no se conforman con ser infelices, sino que se empeñan en desparramar su amargura contra el resto de la sociedad.
Adelante.
Tíreme la primera piedra. Soy un fumador.
Sí. Pertenezco a esa paria de a finales del siglo 20 y principios del 21, que, como los católicos, somos el único grupo al que todos pueden discriminar y lanzar invectivas.
Somos, como dijera Al Pacino en su rol de Tony Montana en Scarface, "el tipo malo". Los no fumadores nos necesitan, como dijera Montana, para "señalarnos y decir 'ahí va el tipo malo'".
Pero no, este no es un blog de una quejumbrosa victimación. No.
Se trata más bien de la libertad. Y de un cierto grupo de gente que no sólo nunca está contenta con nada, sino que se empecina en hacerle la vida imposible a la demás.
Hablo de los fanáticos antitabaquistas, que no solamente no han estado felices en eliminar el poder fumar en la mayoría de lugares públicos, sino que ahora en varios estados quieren prohibir que uno fume en su propio auto. Si se salen con la suya, y mucho me temo que se saldrán, dentro de poco no habrá un solo lugar en el mundo donde uno pueda echar humo a gusto.
Los fanáticos antitabaquistas son un resquicio de lo peor del siglo 20. Son la versión moderna del voyeur, el enfermo mirón que le gustaba y le gusta espiar a las parejas en su intimidad.
Con la diferencia que estos mirones les gusta espiar la vida de las demás personas. Sus vidas suelen ser tan escuálidas y carentes de sentido, que buscan una cruzada, según ellos, moral, que les permita sentirse santurrones y así censurar aquello y aquellos que no les gusta, cuando sus propias vidas suelen ser reprobables.
Los fumadores son su blanco ideal.
Sus ancestros espirituales son, curiosamente, los puritanos. Estos nuevos mirones, aunque no lo admitirían, tienen sus raíces espirituales en los protestantes puritanos que nacieron en el siglo 16 y en el Calvinismo, una versión tristona y materialista del cristianismo que infectó al mundo con sus ideas y de ahí nació lo peor del egoísmo del hombre que ahora nos aqueja.
Los puritanos, como los mirones antitabaquistas de hoy, odiaron el tabaco, el alcohol y por lo general condenaron y prohibieron las fiestas, incluso aquellas fiestas santas como la Navidad. Esto no quiere decir que no vivían unas vidas morales.
Sí tenían un buen código moral. El problema era que a diferencia de Jesucristo, los puritanos no veían la alegría en nada y se empecinaban, con buenas intenciones pero de forma errónea, en que todos viviesen sus vidas tristonas.
Pero los puritanos antitabaquistas de hoy van mas allá. Por lo general estos mirones de hoy carecen del sentido moral de los puritanos del antaño; su nefasta visión es mucho más oscura.
Cuando los puritanos de los Estados Unidos ayudaron a imponer la ley seca durante la década de los veintes del siglo pasado, lo hacían con la intención de no sólo sanarle el cuerpo a los borrachos, sino su alma.
En cambio esto mirones puritanos de hoy les importa un rábano la vida espiritual o física de los fumadores. Según ellos, odian el tabaco de segunda mano dado a que les hará daño a ellos, sin importarle nada los fumadores.
En suma, padecen de un egoísmo llevado al extremo. Son ellos los que están enfermos, pero del alma.
Son, como decía Jesucristo, "sepulcros blanqueados", aparentemente bonitos por fuera, pero por dentro sus almas están más podridas que los pulmones más atrofiados del fumador más empedernido.
¿No lo cree?
Pregúntele a cualquiera de estos fanáticos antitabaquistas que si están a favor de nuevos proyectos de ley y leyes como el suicidio asistido y el aborto y verá que le dirán que sí. Según ellos, están a favor de que una persona decida por si misma estas cosas.
Sí. Estos mirones antitabaquistas están a favor de la cultura de la muerte, de que usted decida quitársela o quitarle la vida a un inocente.
Ah, pero están en contra del tabaco. ¡Ja!
Son fascistas modernos que usan los tribunales y a políticos venales que se venden a ellos para así imponer su aburrida ideología sobre los demás. Al parecer su pasatiempo es hacernos la vida insoportable, y lo están consiguiendo.
Otro argumento de los antitabaquistas es que el resto de la sociedad termina pagando en parte los gastos médicos de los fumadores, quienes suelen padecer de males de los pulmones y el corazón. Estoy seguro que si se pudiesen salir con la suya, los antitabaquistas dejarían que los fumadores enfermos murieran como los leprosos de la Biblia.
Y he ahí la prueba de su odio. Digo, si ellos son capaces de condenar y de abogar en contra de la ayuda medica a los fumadores bajo las justificaciones mencionadas, tal vez en el futuro quieran justificar quitarle la ayuda a los que padecen de cáncer dado a las toxinas que tomaron o a los que padecen de sida por algún error personal que cometieron.
Quién sabe. El extremismo de los antitabaquistas no conoce de limites.
Yo por mí parte dejé el tabaco hace algún tiempo. Admito, como todo fumador, que el fumar es un mal hábito.
Sí, por supuesto que hace daño a la salud, especialmente si se abusó mucho de él. Nadie disputa eso.
Pero no es un mal moral, como lo tratan de hacer estos puritanos de hoy.
Por otro lado, entre las personas más ilustres, sabias y verdaderamente morales del siglo 20 estuvieron grandes fumadores. Entre ellos estuvo el propio Einstein, Chesterton, el escritor ingles (y sin duda uno de los más grandes escritores de todos los tempos), C.S. Lewis y el gran J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos.
Todos ellos fumaban pipa. Con ella aprendieron la paciencia, la reflexión y el gusto por la vida.
De esto podrían aprender mucho los fanáticos antitabaquistas.
AOL Latino
LatinoBlogs
