Renuncia el principal asesor del presidente Bush

Es el comienzo del fin. Karl Rove, el cerebro político que llevó a George W. Bush al poder, anunció hoy que deja su puesto en la Casa Blanca.

Pocas veces en la historia política de Estados Unidos había existido un asesor con la influencia y acceso al poder de Rove. El individuo ha estado con Bush por diecisiete años y es en gran medida gracias a él que el presidente consiguió primero ser gobernador de Texas y luego mandatario de la nación más poderosa del mundo.

Bush sin Rove es como el emperador sin ropa. Como el títere sin el titiretero que lo maneje.




Aun cuando la Administración Bush tiene todavia año y medio en el poder, Bush practicamente podría irse ahora para su casa. Sin Rove es casi seguro que no habrán nuevas iniciativas, proyectos o leyes de gran significado provenientes de la Casa Blanca. El resto del tiempo hasta la próxima elección presidencial será únicamente para "cargar el agua" del poder.



El legado de Rove es mixto. El controversial asesor político tiene triunfos y derrotas en su carrera. Más victorias que pérdidas, aunque estas últimas las mas recientes y las que de alguna manera borran el efecto de algunos triunfos.

Hasta la eleccion última de noviembre de 2006 para senadores y congresistas, Rove se paseaba en caballo blanco por los caminos de la historia.

Con sus tácticas de ataque sin misericordia al enemigo y un conocimiento detallado de los miedos, intereses y pasiones de los votantes, Rove había ganado con Bush la elección para gobernador de Texas en 1994 y la reelección en 1998. Luego la elección presidencial de 2000 –con ayuda de la Corte Suprema de Justicia por supuesto-, después la elección congresional de 2002 y por último la presidencial de 2004.

En algún momento se pensó que Rove había conseguido lo que era su gran objetivo estratégico o de largo plazo: armar una mayoría de votantes que le diera al partido republicano el control de la política nacional por décadas. Una mayoría basada en los conservadores religiosos unidos a otros conservadores o independientes menos religosos pero igualmente militantes en temas como el aborto, el matrimonio entre homosexuales y el terrorismo.

La elección de 2006 hizo caer en pedazos lo que pintaba como el gran legado de Rove. Los demócratas ganaron en el Congreso y en el Senado consiguiendo con ello que se cambiara el centro del debate nacional.

Hoy es la guerra en Irak, la falta de seguro médico para mucha gente y la economía algunos de los temas de los que más se habla (aunque por supuesto los republicanos y el presidente en especial, siguen siendo capaces de meterle miedo al país con lo de la amenaza terrorista).

Hay dos temas en los cuales sin embargo, hay que dejar clara la participación de Rove. En lo de la guerra Irak, el tipo nunca fue uno de los originales fanáticos con la idea, como si lo fue gente como el Vicepresidente Cheney o el ex Secretario de Defensa, Rumsfeld. Rove se subió al tren de la guerra simplemente porque con eso pensó que Bush ganaría elecciones.

El otro tema es inmigración. Más allá de si lo hizo por compasión con los indocumentados o por simple razonamiento táctico –había que ganarse a los votantes latinos- Rove apoyó la reforma migratoria. De seguro lo hizo por razones prácticas, ya que Rove dijo siempre que para mantener esa mayoría nacional por años, el partido republicano necesitaba del voto latino.

La salida de Rove marca el fin de una era. La Administración Bush se cae en pedazos. De seguro que alguien habrá puesto por ahí en algún corredor de la Casa Blanca un rótulo con la leyenda: "el último que salga que apague la luz".

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