Roger Federer ganó su duodécimo título de grand slam y se acercó a sólo dos de Pete Sampras en la carrera por convertirse en el hombre más dominante en los llamados cuatros grandes torneos del tenis. Pero este triunfo en el Abierto de Estados Unidos también sirvió para comprender que el Expreso Suizo va a encontrar en el próximo año más obstáculos que nunca y que ganar torneos de grand slam no va a ser tan fácil como antes.
Ya no sólo es Rafael Nadal, quien le ha conseguido la vuelta a Federer. Ahora otro joven le está complicando las cosas a Federer. Es Novak Djokovic, quien tiene la virtud de neutralizar la perfección del suizo y convertirlo en un tipo propenso a errores.
En el choque anterior entre ambos, en la final de la Copa Rogers de Montreal, Djokovic pudo superar a un Federer que incurrió en 57 errores no forzados. El domingo en Flushing Meadows el suizo cometió 34 pifias, otra cifra alarmante para alguien que roza en la perfección.
Djokovic tuvo oportunidad de cambiar la historia en el Abierto de Estados Unidos, al tener cinco oportunidades para ganar el primer set y luego dos más en el segundo set, y no las pudo aprovechar. Quizás sea la juventud, la impaciencia o la impericia, pero no hay duda que faltó poquito para destronar a Federer.
Ya sabemos lo que le cuesta a Federer superar en la arcilla del Roland Garros a Rafael Nadal. Ahora pudiera enfrentar la preocupación de Djokovic en Australia, Wimbledon y Estados Unidos.
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