Un día de Papá Noel en Argentina

Lo vi con la mirada perdida, la barba despeinada, el gorro desalineado; en otras palabras, desencajado. Apoyado con una mano sobre el trineo y la otra sobre su cintura, me dice: "No puedo más hermano, estoy estresado. Necesito vacaciones yaaaa en un spa".

El cuadro era increíble: tenía al mismísimo Santa Claus delante de mis narices, pero en un estado casi deplorable. Evidentemente la víspera de Navidad en Argentina puede acabar con el ánimo de cualquiera. Incluso con el del mítico anciano, de cara angelical, proveniente del Polo Norte.

Atine a preguntarle qué le había pasado y ahí se despachó a gusto. "Esto es una lo-cu-ra", me dijo indignado y prosiguió: "Ni bien pisé suelo argentino, me robaron el reproductor de MP3 los maleteros de la Aduana. Encima tuve que pasar por el detector de metales como doce veces: sonaba porque tengo una muela emplomada. ¿A ti te parece?. Nunca en la vida me había pasado"

"Pero la cosa no terminó ahí, esos mismos maleteros me robaron el auto estéreo que tengo en el trineo. ¡Con lo que me relaja a mi escuchar villancicos y trash metal mientras conduzco!" A medida que transcurría el relato Santa se iba posesionando, los ojos se le iban enrojeciendo.

"Sabes también de lo que estoy harto: ¡de este traje!. Sólo pido un poco de sensatez, a los papá noeles (SIC) de Sudamérica nos deberían diseñar alguna prenda más liviana. Yo que sé, una remerita, una bermuda y unas sandalias. Respetando los colores, eh. Nada de cosas locas. Pero que piensen un poco en nuestra salud. Igual ya perdí las esperanzas: hace años que reclamo en el gremio y nada."

Realmente no sabía qué hacer para consolarlo, me conformaba pensando en que por lo menos ya había realizado su catarsis. Pero nada más alejado, todavía faltaba mucho para completar su travesía en nuestras bellas tierras.

Me comenzó a describir qué hizo luego de su mala experiencia en el Aeropuerto. "Salgo con el trineo a toda velocidad, debía apurarme para comprar todos los regalos", me explicó y continuó: "Cuando llego al centro de Buenos Aires detiene mi marcha un piquete. Le pedí por favor que me dejaran pasar, que yo era Papá Noel. ¿Sabes que me contestaron?". Le respondí que no, pero me temía la respuesta: "`Ehh dale gordito no te hagas el piola, sacáte ese disfraz y esperá tranquilo´, como si fuera poco me tironearon de la barba. ¡Esto es inaudito!", me vociferó confirmando mis presentimientos.

Y todavía faltaba lo peor: ir al shopping para cumplir con los pedidos de los niños. "Llegué a la zona comercial de casualidad: un reno se me quedó sin agua y otro me recalentó. Así que dejé mi vehículo en doble fila así como pude" Mmmm -pensaba yo- otro futuro problema...

"Ingresé al centro comercial y me quería morir. ¿De dónde sale tanta gente, parecen hormigas. Además les gusta apilarse y acudir al local que más desbordado esté. Me empujaron, no respetaron mi lugar en la fila, otra persona disfrazado de mí me amenazó ya que consideraba que ponía en peligro su empleo, pero qué pasa: ¡están todos locos!".

Le palmee la espalda a modo consuelo, pero el insistió en seguir: "Finalicé mis compras a la madrugada, los negocios permanecieron abiertos especialmente para la ocasión, ya estaba exhausto pero había cumplido con mi cometido. Aunque todavía faltaba lo peor: ¡¡¡había desaparecido mi trineo!!!. Lo primero que pensé es que me lo robaron, pero no me lo había llevado la grúa por estar estacionado en doble fila".

"Así que acá estoy, recién acabe con semejante epopeya. El problema es que aún debo repartir los regalos y hace dos días que no duermo. Una pregunta: ¿no podrías suplantarme por esta noche? Por favorrrrr" Y ahí finalizó nuestra charla. ¿Qué le dije?, era Santa Claus que iba a contestarle. Eso sí, por la chimenea ni loco me tiro.

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