¿Será Gustavo Dudamel un incomprendido y desconocido en su patria?

Una amiga, desde España, me recordaba que pocos son profetas en su tierra. Lo decía en alusión al impacto que ha causado Gustavo Dudamel, el joven director de orquestas nacido en Venezuela, a quien aún no se le ha apreciado en su justa dimensión. El asunto me hizo pensar un poco más, porque me cuesta creer que este músico talentoso, quien apenas tiene 27 años de edad, sea un desconocido en su país, o que quizás figuras de la farándula o del deporte reciban más atención por parte del ciudadano común.

De entrada me pregunto si la gente sabrá quién es Dudamel. ¿Conocerán su obra? ¿La gente sabrá de dónde proviene este genio?

Gustavo Dudamel es un músico formado por el Sistema de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, una idea de José Antonio Abreu, quien en 1974 se le acercó al Presidente de la República de aquel entonces, Carlos Andrés Pérez, con la idea de formar muchachitos para alejarlos del vicio. Desde entonces y hasta el presente, más de 300 mil venezolanos han tocado algún instrumento gracias a ese plan. Lo importante en todo esto era formar ciudadanos útiles, quienes a través de esta disciplina podrían ordenar buena parte de su vida y crecer con un criterio mucho más amplio acerca de la cultura.

Hoy Dudamel ha crecido, no sólo en tamaño sino en brillo. Se pasea por los grandes escenarios de la música sinfónica y lleva la bandera de su país, en tiempos en los cuales Venezuela es nombrada, fundamentalmente, cuando su Presidente pronuncia alguna palabra. Ha dicho Dudamel, con la investidura del buen ejemplo, que en su terruño la música salva vidas. Cómo no va a ser así, si cada niño que dedica su tiempo y su espacio de vida a conocer una sinfonía, una pintura, un poema o un cuento, se eleva hasta donde su imaginación se lo permite. Cualquier creación sublime lo apartará de eso que los abuelos llaman "los malos caminos".

A Dudamel hay que verlo dirigir. Su energía contagiosa es una marca genuina. Podríamos estar frente a alguien que cambiará la suerte de la música de conciertos. Ya nació dentro de el novedoso esquema de las orquestas infantiles y como cualquier chico, creció entre sinfonías y baladas; entre mazurcas y la salsa brava. No hay por qué dudar que de esa mezcla, tan variopinta como el Caribe, ha de salir un producto original.

No se habla todos los días de un director de música clásica con tanta pasión. Debe ser que. nuestros países pocas veces se despojan de sus complejos, así que cuando tenemos el chance de sobresalir, hay que hacerlo como la gallina que cacarea cada vez que pone sus huevos. A fin de cuentas ese muchacho ha brillado en España, Inglaterra, Alemania, y en todos los terrenos que ha pisada. Nada más que decir. Qué viva Dudamel.

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