
La noticia aparecida ayer en el diario Clarín me generó demasiada curiosidad: el consumo de aparatos sexuales aumentó un 50% entre mis compatriotas. En consecuencia, dejé mis vacaciones en Punta Indio y decidí salir a investigar las causas del notable incremento en la demanda de estos simpáticos chiches.
Así fue como, entre muñecas inflables (le saqué el teléfono a una de ellas), zungas de leopardos, vibradores y aparatos de goma, llegué a importantes conclusiones respecto de una modalidad incipiente por estas tierras. Veamos cuáles fueron, entonces.
Gran parte de los hombres consultados, respecto de las muñecas inflables, me dijeron: "Son más lindas, reclaman menos, no exigen nada de dinero, no hablan y, esencialmente, tienen menos plástico que nuestras mujeres. ¡Son grandiosas!"
Gran parte de las mujeres consultadas, respecto de los vibradores que emulan a la perfección un pene, me dijeron: "No hablan de fútbol, no insisten con tener sexo cuando una no quiere, no roncan al dormir, responden siempre satisfactoriamente y no es necesario fingir los orgasmos; son todos genuinos. ¡Eso es un hombre!"
La mayoría de los flamantes consumidores volcados al uso de utensilios sexuales, según mis arduas investigaciones, habría dejado de fumar muy poco tiempo atrás. El motivo radicaría en que mediante los juguetitos canalizarían la elevada ansiedad producida por el síndrome de abstinencia. "Llevarse algo a la boca nos calma", coincidieron todos los consultados.
"Como algunos invierten en el mercado inmobiliario, nosotros invertimos en juguetes sexuales. Al menos si llega otra crisis tenemos un lugar más seguro que los bancos donde guardarlos", se justificó uno de los ávidos consumidores de estos chiches.
Otras de las razones del significativo aumento sería que una importante cantidad de defraudados consumidores de la mascota virtual, tamagotchi, se volcaron al uso de juguetes sexuales. Evidentemente el invento japonés no lograba llenar ese vacío existencial que urgió a esas personas a comprarlo, mientras que los aparatitos sexuales llenaron ese y también otros vacíos (perdón, exabrupto). "Es casi lo mismo, pero estos son un poco más divertidos", argumentó uno de ellos.
La compulsión a comprar objetos electrónicos. "Ya tenías seis celulares, dos computadoras, cinco televisores, dos DVD, tres consolas de juegos, un tamagotchi y sólo me faltaba un pene vibrador de goma. Ahora me siento plena", me confesó alegremente una de las encuestadas.
También recogí respuestas de las más extrañas, entre algunas de ellas: "Lo compré (un pene vibrador) para despertarme a la mañana. Odio el ruido insoportable de los relojes con alarma"; "(La muñeca inflable) es como elemento decorativo para utilizar en la piscina"; "me gusta pasear al perro con ella (una fusta), es innegable que es muy original"; "es que se me rompió el tamagotchi".
Finalmente, como siempre hago, decidí probar empíricamente mis investigaciones. De lo contrario, no podrían tener la seriedad que las caracteriza. Así fue, entonces, que experimenté con gran parte de los utensilios sexuales. La conclusión general aún no la saqué, pero me llevé con una zunga de cebra que me queda pintada.
AOL Latino
LatinoBlogs
1. Ja! tengo un tamagochi y un vibrador, ?ambos son parte de mi vida! aunque ultimamente el tamagochi me estaba pidiendo demasiado, tantooooo, que supongo que lo tirare a la m.... aunque como bien decis vos, eso seguramente me creara un vacio existencial que pronto llenare con el vibro!.
Saludos
Feb 14th 2008 | 7:54AM | Shhh