Según datos recogidos por el Programa de Sexología Clínica del Hospital de Clínicas, publicado en el diario Clarín, los problemas de eyaculación precoz y disfunción sexual son los más frecuentes entre los varones. Mientras que la falta de deseo o la anorgasmia son los más corriente entre las mujeres.
Entre las conclusiones más destacadas, reflejadas por el citado relevamiento, aparecen que los jóvenes de entre 20 y 29 años son quienes más consultan por la "disfunción sexual de mayor prevalencia entre los argentinos: la eyaculación precoz". Además, que por el mismo problema, consultan uno de cada cuatro hombres de 30 y 39 años.
Las damas representan el 11 por ciento de las consultas, según el mismo informe, que también dice que la mayoría consultó por inhibición del deseo sexual.
Según las opiniones de los especialistas, entre las principales causas figuran: la falta de comunicación entre las parejas, el poco espacio que se le da al terreno sexual, el estrés con el que se vive, el miedo al fracaso, o, entre otros múltiples factores, las presiones del hombre a partir del "mito cultural del rendimiento" ( Adriana Arias, psicóloga y sexóloga).
Entre los aspectos positivos, hay uno de ellos que aparece rápidamente sobre el resto: el reconocimiento del problema. Es decir, la estadística se forma a partir de una porción de personas que quieren solucionar su patología. A priori, esa acción parecería saludable. De hecho, los sexólogos consideran que si las disfunciones no se atienden podrían acarrear mayores complicaciones en el futuro.
Evidentemente, hay que replantearse la forma en cómo vivimos. La vorágine diaria y, junto a ella, las presiones que nos auto imponemos, la ansiedad, los miedos y la obsesión por el alcanzar el –supuesto- éxito, están haciendo mella en el cuerpo y en la mente. Ni siquiera ya se puede disfrutar del sexo con plenitud. ¿No es tiempo de reflexionar acerca de qué es lo que perseguimos? Una pregunta más: ¿quién nos corre que no podemos parar?
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