La violencia en el fútbol –el fiel reflejo de lo que sucede en la sociedad argentina- se cobró una vida más. La víctima, en esta ocasión, fue Emanuel Álvarez. Un joven de 21 años, hincha de Vélez Sarfield, que iba a la cancha de San Lorenzo a ver al club de sus amores. Sólo eso fue suficiente para que lo asesinaran.
Luego del trágico hecho, el encuentro entre San Lorenzo y Vélez se suspendió, pero sólo por otro suceso violento. En concreto, si no fuera porque parte de la hinchada de "El Fortín" no hubiera intentado ingresar al campo de juego, el partido comenzaba. Lógica enfermiza la dispuesta para llevar a cabo la seguridad de los eventos deportivos: la violencia se atiende ante sólo ante reclamos violentos.
Sólo bajo este mismo proceder puede entenderse cómo continuaron las cosas. Por eso, los demás encuentros del sábado se jugaron como si nada hubiera ocurrido. Por ese mismo motivo la muerte de la adolescente de 17 años, quién fue baleada antes de ingresar a ver el encuentro entre Gimnasia y Tiro de Salta-Central Norte, pasó casi desapercibida. Por eso también la realización de la fecha del domingo ni siquiera estuvo en duda. Por eso, a pesar del enfrentamiento entre hinchas de Boca Juniors, cuyo saldo dejó un hincha herido de gravedad, todo siguió su curso normalmente.
Lógica pura de los tiempos que corren: El show debe continuar, cueste lo que cueste.
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