Es posible que hoy casi nadie se acuerde de esa marcha. Tan así que el aniversario pasó en general desapercibido, y a lo mas que llegaron los propios noticieros de la televisión local en español en el mismo Los Angeles fue a mencionar el aniversario (nada de progamas especiales o cosa parecida).
La marcha sin embargo, merece que se le recuerde.

Dos años después. ¿Sirvió para algo?
Esa multitud de gente caminando por la calle Broadway del centro de la urbe angelina y luego congregándose en los alrededores del edificio de la Alcaldía marcó con su presencia un antes y un después en la historia del movimiento pro inmigrante en Estados Unidos.
Nunca antes los inmigrantes latinos habían expresado de una manera tan clara y organizada tanto su presencia en la sociedad estadounidense, como su reclamo porque se les tomara en cuenta y se resolviera el problema de la situación migratoria de millones de indocumentados.
A dos años del evento con toda seguridad que muchos dirán que no se consiguió nada.
Que no obstante esa marcha y las que siguieron –culminando con el boicot económico y también marcha del primero de mayo en muchas ciudades del país- el movimiento inmigrante no tuvo éxito en convencer tanto a la sociedad estadounidense como a los políticos en Washington de la necesidad de una reforma migratoria.
Aun peor, algunos señalan que en lugar de avances, esas marchas –en particular el boicot de mayo- lo mismo que otras expresiones de la euforia de los inmigrantes –como el desfilar con las bandera de su país de origen- generaron una reacción negativa de parte de la sociedad. Que mucho del clima anti inmigrante que hoy se vive fue resultado precisamente de esos eventos de la primera del 2006.
Es posible que tengan razón estas voces que critican los supuestos excesos de los inmigrantes. Que las marchas y demás actos de millones de inmigrantes fueran vistos por mucha gente como una provocación o abuso ante la hospitalidad que el país brinda a los inmigrantes y del respeto a la ley que se espera de ellos.
Dejemos que sea la historia la que al final establezca si las marchas trajeron cosas buenas o malas. Lo que sí es cierto es que gracias a esas marchas el tema de los indocumentados pasó a ser parte de la discusión nacional.
La necesidad de una reforma migratoria está hoy en la arena pública, y para bien o para mal cualquiera sabe ahora que hay en el país millones de indocumentados –doce según los más serios estimados- y que algo hay que hacer con ellos.
En suma, las marchas sacaron a la superficie, para ser vista por la gran sociedad, ese mundo de los indocumentados que muchos pretendian ignorar o que en efecto nunca habían visto como una expresion colectiva (una cosa es tratar con la 'nanny' o el jardnero y otra ver a millones de estos trabajadores desfilando por las calles).
La marcha humanizo a esos millones de indocumentados. Los hizo visibles como seres de carne y hueso; con necesidades y defectos; con reclamos y agradecimientos a esta patria que los deja estar.
Queda pendiente por supuesto, el qué hacer con esos doce millones de indocumentados. Más allá de toda la retórica y acciones anti inmigrantes, tarde o temprano se volverá a lo de la reforma migratoria.
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