La antorcha en Buenos Aires genera controversias

Finalmente la llama olímpica que representa a Beijing 2008 pasó por la Capital Federal sin demasiadas complicaciones. El recorrido, que se inició en Puerto Madero y finalizó en el Club Hípico Argentino, contó con un importante operativo de seguridad; 5700 fueron los efectivos que colaboraron. No obstante, hubo algunas manifestaciones en su contra, pero no se produjo ninguna situación violenta como sí había sucedido en Londres o Paris.

Entre algunas de ellas: una contra marcha llevada a cabo por el movimiento prohibido en China, Falung Gon, que partió desde el Obelisco con su "Antorcha de los derechos humanos". También se vieron pancartas que expresaban su repudio a la ceremonia; además, se arrojaron unas bombitas de agua mientras se realizaba el recorrido.

Muchos vieron con alegría que la llama olímpica pase por primera vez en la historia por Buenos Aires. De hecho, aquí se ha montado un gran show con diversos artistas que cerraron el recorrido de 13 kilómetros que inició Carlos Espíndola ( 3 medallas yachting) y terminó con Gabriela Sabatini (medalla de bronce Seúl 88). No faltó público a la cita para celebrar el evento.

El hecho en sí mismo no representaría nada malo si no fuera que la coyuntura política de China es insoslayable. Un país cuestionado por violaciones a los derechos humanos; lo que se comprueba claramente en el conflicto desatado en el Tíbet.

En ese sentido, la promoción de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 marca un fuerte contraste con la política que (afortunadamente) lleva a cabo el Gobierno en materia de derechos humanos. ¿No es paradójico, entonces, hacerse cómplices indirectos de un país organizador con esas características?

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