El presidente Hugo Chávez no parece darse cuenta de que no tiene enemigos en su propio país. Tal vez tenga necesidad de conseguir alguno, como para alimentar sus furias y pasiones. Como pareciera que no existe un fenómeno político dentro de sus propias fronteras, suele aplicar la receta que ha empleado la revolución cubana y nombra al imperialismo como su principal adversario. Pero ahora, al observar los acontecimientos ocurridos en Bolivia, ha comenzado a creer que sus rivales planifican llevar a cabo un plan separatista.
¿Serán creíbles esas denuncias? ¿Chávez como que no tiene más enemigos y necesita inventárselos?
A mí, este planteamiento me tomó por sorpresa, no tanto por la supuesta intención de algún dirigente en la búsqueda de alguna idea "desestabilizadora" del ordenamiento territorial venezolano, sino por el simple hecho de que algún funcionario de gobierno lo tome como algo serio y viable. Ganas debe haber en muchos cerebros calientes de este país, pero viabilidad para resquebrajar el orden de una nación, es otro asunto. Por eso, cuando escucho el argumento empleado por el chavismo, según el cual los embajadores de Estados Unidos auspician esas ideas, termino, no riéndome, sino bostezando por la escasez de imaginación.
Esto, que a partir de estos días conoceremos como el "efecto Bolivia" podría terminar de generar una atmósfera distinta a la que muchos partidarios al gobierno, y también a la oposición, podrían esperar. Recordemos que este año deberían elegirse gobernadores y alcaldes en Venezuela, justo en medio de un momento clave para el chavismo, pues luego de nueve años con el poder, les toca demostrar que sus políticas socialistas generan felicidad en las mayorías, algo que será corroborado en las urnas electorales. La oposición política, que en estos años ha subestimado al presidente revolucionario, ha dado muestras de haber aprendido la lección y sabe que la única manera de sacarlo del mando es por la vía democrática, así que hay claridad en que se deben postular candidatos y sumar gobernaciones y alcaldías, antes de apostar por cualquier desintegración del país.
Me parece que la oposición venezolana, luego de haber cometido tantos errores en los últimos años, sabe que cualquier camino para obligar a su dirigencia a hacer las cosas en pro de las mayorías, pasa por la ruta de la democracia y el civismo. Además, ningún otro gobierno del continente va a reconocer intentos de resquebrajar el orden de ninguna nación. En Venezuela decimos que "entre bomberos no se pisan las mangueras".
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