Siempre que se habla de un equipo que acaba de coronarse campeón, automáticamente, comienzan a enumerarse sus virtudes. Con este River, esa tarea no fue nada fácil. Porque, sin restarle méritos, hay que señalar que el conjunto dirigido por Simeone no fue de esas escuadras descollantes; que se llevan por delante a sus rivales. O que ganan un torneo de punta a punta sin dejar margen a las dudas.
De hecho, sufrió en casi todos los partidos. Sus triunfos más calmos fueron tres: frente a Gimnasia & Esgrima de Jujuy, San Lorenzo y Vélez. Estos dos últimos, paradójicamente, encuentros, a priori, siempre complicados. El resto de las victorias, las ganó por el margen mínimo o tuvo un empate o una derrota transitoria que supo revertir a tiempo; como en el último match frente a Olimpo.
Y desde allí, tal vez, es de dónde se desprende la principal de sus virtudes: la actitud (sí, esa misma que le faltó en
Destacable también fue la entereza de los futbolistas quienes, a partir de ello, tuvieron que soportar infinidad de críticas y reprobaciones. Entre ellas, la más dolorosa: la de sus propios hinchas.
Finalmente, otro de los valores importantes del campeón, fueron sus individualidades. Aunque, en rigor, escasearon respecto de otros planteles exitosos del club. Las principales: Buenanotte y, su arquero, Juan Pablo Carrizo. Sin ellos, hubiera sido muy difícil que el equipo de la banda roja obtuviera el Clausura 2008.
Más atrás aparece Ortega quién, a pesar de faltar varias fechas y no haber desarrollado todo su potencial, fue determinante en los últimos tres encuentros. Asimismo, Ahumada fue una pata esencial para este logro. Mientras que Ponzio, Villagra y Abelairas también intervinieron en momentos importantes.
El desafío más próximo para Simeone, y lo que quede del plantel, será repetir en el Apertura o ganar
Pero eso quedará para más adelante, ahora es tiempo de festejos. Y en eso están ocupados los hinchas, los jugadores y Simeone en estos momentos.
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