Protege a tu hijo de la envidia

Entre los siete pecados capitales, la envidia ocupa el lugar central, pues no sólo se trata de un mal dirigido hacia el prójimo sino que también es considerado una ofensa a Dios. Una visión esotérica de los pecados capitales nos habla de energías negativas que se desprenden y pueden ser nefastas. Esto afecta tanto a quien las emana como a su destinatario.

Una persona adulta y consciente es más difícil de ser alcanzada por estos rayos mentales, pero para un bebé o un niño de corta edad puede resultar un daño gigantesco.
La pregunta que cabe formularse es por qué alguien haría mal a un pequeño que no tienen cómo defenderse. Las razones son variadas, desde la posición económica de sus padres hasta su buena salud o sus rasgos hermosos.
Sin embargo, debemos reconocer que a menudo, estos motivos son inconscientes y que la persona envidiosa puede no desear hacer un daño deliberadamente.

Cómo detectar las influencias extrañas

Para determinar si tu hijo ha sido alcanzado por las vibraciones negativas emitidas por alguien (no hace falta identificar a la persona para poder combatirlo), verifica tener por lo menos cinco respuestas afirmativas a los siguientes síntomas:

1) El niño llora sin motivo aparente.
2) Se niega a comer aunque tú sepas que es la hora correspondiente.
3) Le cuesta conciliar el sueño.
4) Una vez que logra dormir, es imposible despertarlo.
5) Tiene vómitos al poco tiempo después de comer.
6) Tiene los ojos irritados y dolor de cabeza.
7) Se encuentra decaído, desganado, no le interesa ni siquiera jugar.

Una vez constatado el daño, elige alguno de los siguientes procedimientos para combatirlo.

La sal marina

El primer paso es "limpiar" el cuerpito del niño de las vibraciones que ha recibido. El siguiente proceso debe realizarse durante siete noches consecutivas. El único elemento que se necesita es un kilo de sal marina sin refinar. Este es un poderoso protector, imprescindible para alejar maleficios o malas ondas. Además, protegerá al niño de influencias malignas durante toda la noche.

El procedimiento es simple: la primera noche, coloca debajo de la cama o cuna del pequeño un plato de loza blanca a la altura de la cabeza. Este deberá estar cubierto con una abundante porción de sal marina.

A la mañana siguiente, quema la sal en un calderito o una ollita de barro y arrójela al desagüe con el agua corriente. Si no lo haces, todo el mal absorbido por la sal será liberado y volverá a estar en circulación.
Repita esta operación durante siete noches y el mal generado por la envidia habrá desaparecido.

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