Arizona se ha convertido hoy en el último estado de donde muchos inmigrantes indocumentados están saliendo. Y lo hacen no porque se vayan de vacaciones o porque se hayan aburrido del caluroso clima del estado, o porque no encuentren trabajo. Lo hacen porque el próximo uno de enero entrará en vigencia una ley por medio de la cual se penalizará severamente a los patronos y otros dueños de negocio que den trabajo a indocumentados.
Hace unas semanas decíamos aquí que algo similar estaba ocurriendo en el estado de Oklahoma. Que decenas de miles de indocumentados habían dejado el estado debido a una serie de regulaciones legales en contra de los indocumentados y en general debido al clima anti inmigrante.
Para confirmar que esto no es algo anecdótico o de casualidad, o si se quiere para reafirmar lo que algunos señalan como el peor periodo anti inmigrante que ha vivido el país en décadas, hoy le toca el turno a Arizona.
Mediante la ley, que fue aprobada por la legislatura estatal en junio y firmada por la gobernadora demócrata Jane Napolitano (lo hice porque de no hacerlo vendría algo peor, fue su justificación) a un negocio que contrate indocumentados se le suspenderá la licencia por diez días. Si reincide se le suspendera la licencia indefinididamente, es decir, literalmente se le cerrará el negocio.
La ley es sin duda la más estricta que se haya pasado en cualquier lugar del país en este tema de los indocumentados y el trabajo, y se espera que si tiene éxito otros estados la copiarán.